Un silencio sepulcral acompañó la salida de Leandro Vique Salazar de la dirección del Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM). Ninguna foto, ningún video, ningún gesto institucional que le diera dignidad a su relevo. Solo un comunicado escueto publicado en la página oficial de la Secretaría de Educación. La diferencia es notoria si recordamos otros cambios en el gabinete estatal, donde la gobernadora Margarita González Saravia acostumbraba posar junto a salientes y entrantes en un acto público de transición. Esta vez no fue así.
Las preguntas flotan en el aire: ¿por qué la salida intempestiva de un maestro considerado por muchos como de “abolengo”, culto y con profundo conocimiento de la educación? En los pasillos del magisterio se dice que Vique fue “utilizado”, “chamaqueado” por políticos con más colmillo que vocación de servicio. Lo cierto es que desde hace semanas era evidente un distanciamiento con Joel Sánchez Vélez, quien habría encabezado una embestida directa contra el exdirector del IEBEM.
¿Quién manda en realidad en la educación de Morelos? ¿La gobernadora, la Secretaría de Educación o las huestes de la Sección 19 del sindicato? ¿Quiénes se benefician de la compraventa de plazas, de los acomodos y de las reubicaciones de maestras y maestros? El vacío de respuestas alimenta la percepción de que la política educativa está secuestrada por intereses ajenos al desarrollo académico.
La gobernadora, por su parte, llega a su primer informe de gobierno sin mucho que presumir. No hay obras de infraestructura relevantes, en seguridad la crisis es inocultable, en salud los problemas se acumulan, en educación el relevo del IEBEM exhibe fracturas internas, y en el empleo la pérdida de inversiones —como la salida de Nissan— pesa en el ánimo ciudadano.
Algunos dicen que los cambios de gabinete son apenas manotazos de ahogado para tratar de recomponer la narrativa en vísperas del informe. Lo único que medio salva la cara del gobierno estatal es el ámbito deportivo, donde la designación de Juan Felipe Robles en el INDEM ha traído cierto oxígeno con torneos y competencias. Sin embargo, incluso ahí han faltado planeación, publicidad y visión de largo plazo.
El futuro político de Margarita González depende de lo que haga en este segundo año de gestión. La paciencia social es corta y la desaprobación ya se refleja en encuestas que la colocan en los últimos lugares a nivel nacional. Si no corrige el rumbo, el silencio con el que despidió a Leandro Vique podría convertirse en el mismo que acompañe su paso por la historia política de Morelos: un silencio que no dice nada, pero lo explica todo.