El domingo 26 de junio de 2022, nos enteramos de una noticia que a muchos nos heló el corazón: una niña, Melissa de 14 años, apareció muerta al interior de un motel en Cuautla, Morelos.

No se trata de la primera, los últimos meses han estado llenos de desaparecidas y asesinadas, sus cuerpos, abandonados en parajes deshabitados, dejadas en bolsas de basura en condiciones que demuestran simultáneamente el desprecio por la vida de esas jóvenes y el tamaño de la monstruosidad de sus asesinos.

Pero el caso de Melissa duele mucho más: Una jovencita, sin apenas vida recorrida, que no puedo evitar asociar con la idea de mi propio hijo, apenas un año menor. Abandonada en lo que podría pensarse es un motel distante, pero no, el Auto hotel Muga está ubicado sobre la avenida principal de Cuautla, Reforma, apenas a unos cientos de metros de un centro comercial.

Obviamente las circunstancias de su muerte aún están poco claras y los sórdidos detalles que puedan surgir seguramente no ayudarán a paliar la rabia y el dolor de muchos que aún sentimos lo que está pasando y no nos dejamos vencer por la apatía.

No podemos acostumbrarnos a vivir en el horror, en la barbarie y la injusticia. No podemos hacer de la muerte de jóvenes mujeres el pan nuestro de cada día.

Ciudad Juárez lo padeció largamente y el terror se apoderó de la ciudad por años, los responsables quizá nunca fueron atrapados, pero cualquier puede distinguir que Cuautla, va camino a convertir en un refugio de depredadores de mujeres, que se saben al amparo de la indolencia, la torpeza de las autoridades y la ausencia de justicia.

Si algo de combativo queda en el carácter y la sangre de los Cuautlenses y de los Morelenses es momento de que se haga notar. Si por otro lado, ya no somos más que un montón de pusilánimes cobardes, quizá merezcamos vivir con la zozobra.

oriente radio

Francisco Javier Marín Amaro