El tema está en boca de muchos en estos días, precisamente porque el jueves 3 de noviembre se vota en el Senado una Reforma a la Ley Federal del Trabajo que promete pasar de 6 a 12 días de vacaciones desde el primer año laborado y aumentar paulatinamente hasta llegar a los 32 para quienes trabajen más de 31 años.

¿Suena bien, no? Bueno, en el papel sí. Muchos trabajadores están celebrando anticipadamente la virtual aprobación de la reforma y muchas empresas están también comenzando a hacer sus planeaciones para saber cuánto les va a costar hacerle frente a la reforma, de modo que, pareciera que todo está bien.

Pero no. En México, prácticamente la mitad de la población económicamente activa, vive en la informalidad. Y aunque los gobiernos han abordado diversas estrategias para tratar de que esos empleos migren a la formalidad, poco o nada se ha conseguido. Quienes están en la informalidad o no encuentran suficientemente atractivo el cambio a la formalidad o no tienen los recursos para hacerlo. Y es que ser formal tiene un costo asociado, generalmente relacionado con el capital humano. Contratar formalmente a una persona, implica inscribirlo en el IMSS y cumplir con todos aquellos derechos que le concede la Ley Federal del Trabajo, entre ellos, obviamente, las vacaciones.

La reforma si bien beneficia a los trabajadores formales que ya están en el mercado laboral, no aporta nada a quienes viven en la informalidad, es más, pone más distancia entre ellos y el mercado formal, porque entre mayores costos tenga asumir la formalidad, menor será la posibilidad de que esos empleos se conviertan en formales.

La reforma tampoco considera ninguna compensación para las empresas. Verán, muchos de nosotros al oír la palabra ?empresa? de inmediato nos imaginamos un conglomerado internacional con miles de empleados que facturan millones de pesos, pero en muchos casos, las empresas son comercios minoristas, locales que venden al detalle y muchas más para las que el tema de la nómina puede representar su desaparición, especialmente en momentos tan complicados económicamente, con una inflación alta y una demanda tibia.

La reforma si bien le hace justicia a los trabajadores, también asfixia el emprendimiento y la formalidad, orillando a muchos emprendedores a quedarse en la informalidad y desilusionando a muchos que de plano preferirán quedarse con las ganas.

oriente radio

Francisco Javier Marín Amaro