Ya sea servido en un jarrito de barro, en un tarro de vidrio o en un simple vaso de plástico, el tepache sigue siendo una de las bebidas favoritas en muchas regiones de México.
El tepache se elabora con cáscaras de piña miel, piloncillo, azúcar morena, agua (o agua mineral), canela y un toque de clavo. Todo se coloca en una olla de barro o de aluminio y se hierve antes de dejarse fermentar por uno a tres días, dependiendo del gusto de quien lo prepara. Una vez listo, se almacena en barriles de madera para conservar su sabor y frescura.
Además de su sabor dulce y ligeramente ácido, el tepache es conocido por sus beneficios para la salud. Es excelente para la digestión, combate el estreñimiento y es un diurético natural que ayuda al cuerpo a eliminar líquidos. También contiene vitamina C, fósforo, calcio y manganeso, todos aportados por la piña fermentada.
Aunque hoy lo asociamos con la piña, la palabra “tepache” viene del náhuatl tepatli o tepachoa, que originalmente se relacionaba con el maíz. Esto nos recuerda que se trata de una bebida prehispánica, con una historia tan rica como su sabor.
Beber tepache no solo es refrescante, también es una forma de conectarnos con nuestras raíces, con un México antiguo que vive en cada trago.













































