Hay algo que este Mundial ya consiguió, más allá de cualquier marcador: volvió a reunir a millones de mexicanos bajo un mismo sentimiento.
Por unas horas desaparecen las diferencias. Las calles, las casas y las plazas vuelven a llenarse de abrazos, de banderas y de esa alegría que tanta falta le hace al país. En medio de la incertidumbre cotidiana, recordar que todavía sabemos caminar juntos también es una victoria.
Los mexicanos siempre hemos demostrado que sabemos unirnos en los momentos más difíciles. Hoy lo estamos haciendo desde la esperanza, desde la ilusión y desde el orgullo de compartir una misma bandera.
¿Y si sí? ¿Y por qué no creer? A veces, los pueblos no necesitan una copa para hacer historia. Les basta recordar quiénes son.
Porque el mayor triunfo ya está frente a nosotros: descubrir que, cuando México sueña unido, no existe nada más grande que el orgullo de ser mexicano.














































